LA ESQUINA. José Aguilar
PROBABLEMENTE no haya ninguna solución viable a corto plazo para resolver el problema de la inmigración irregular. Pero, con toda seguridad, la peor solución posible es la que pretenden aplicar muchos agricultores de Castilla-La Mancha en la inminente vendimia: utilizar sin papeles a miles de rumanos que vivaquean por los pueblos manchegos. Sobre la marcha.
Porque ésa no es la solución, sino lo contrario, la perpetuación de situaciones injustas y falsas salidas. Los propietarios han desoído el llamamiento de las autoridades a contratar en origen o, en todo caso, a tramitar el papeleo de los rumanos y búlgaros que se hallan de hecho en España. Durante meses se han dormido. No en los laureles, sino en las vides que ya entraban en granazón. Ahora todo son prisas. Hay 2.750 millones de kilos en el campo, pendientes de una recolección que no puede demorarse.Hace años que los españoles huyen de la vendimia, uno de los trabajos menos duros del campo, al que veinte años atrás se apuntaban estudiantes, mujeres y otros sectores habitualmente no agrarios (“las vacaciones del trabajador”, llamaban los jornaleros de mi pueblo, Trebujena, a esta faena). Se ha solucionado con máquinas que zamarrean los racimos hasta que cae el fruto. Vendimia por agitación, podría decirse.
Es lo que se lleva en las zonas vitícolas más desarrolladas: maquinismo general, pero no para ahorrar los sueldos de los trabajadores, sino para suplir la falta de trabajadores. No cabe, pues, el discurso incendiario y saboteador contra la mecanización de otras épocas. Pero en Castilla-La Mancha falta cultura empresarial, y posiblemente dimensión, para ir por esa vía. Allí han estado echando mano de los mecanismos del pasado más oscuro: la selección arbitraria de jornaleros cada amanecer en la plaza del pueblo. Como hacían antiguamente los capataces en nuestra Andalucía. En sus manos estaba que muchar familias comieran o no.
El procedimiento es una afrenta a la dignidad de los trabajadores y supone una restauración del caciquismo. Lo que ha variado es que ahora no puede usarse con los nacionales. Sólo con los extranjeros indefensos y sin papeles que se hacinan en campamentos inmundos para ver si cae alguna peonada. No se suele mirar de frente esta otra cara de la inmigración llamada ilegal: al lado de los inmigrantes sin papeles están los patronos que los emplean en condiciones que solamente pueden aceptar los sin papeles. Es lo que menos cuenta en la lucha contra la inmigración irregular. De eso se habla poco.
LA ESQUINA. José Aguilar

