PRIMAVERA. Revientan,

PRIMAVERA.

Revientan, revientan los deseos y brotan los selvosos tallos de la España santuaria de la serenidad. La simbiosis endulza el polen, la imaginación amaestra al pincel y los colores forman arcos permanentes en el cielo. Ícaro se ha vuelto a perder entre los aromas de la hierbabuena, el azahar y la azucena, observando la belleza fraudulenta de la hortensia y Píndaro elogia el dorso del competidor verdeado, mientras, Artemisa protege los vastagos jóvenes que inician el desarrollo y Atenea sopla sabiduría a los pensadores y paz en los rellanos para calmar el barro, arrastrado de la montaña, azogandolo y provocando remansos de tranquilidad, y sosiego, a las aguas que se hacen cristal y bebedero que inclina voluntades de arraigos a la vida. Los verticelos dejaron de ser carceleros de las flores y protegen, ahora, la fragilidad de los pétalos, las pajuelas de algodón empiezan a mostrar los giros que cuidarán el calor de los que romperán las bóvedas de cascaras y despertaran sin plumas, arrullados con el lisonjeo de los padres que desafian la cólera de Eolo con sus barbas timoneras y remeras. El canto anula al ruido, pasó la hora fertilizadora de las lluvias arrastradas por los relampagos y los truenos, llega el momento de los nacimientos, de quitar el vaho que empaña y de acoger a los inocentes abiertos a los vientos y a los sonidos de la lira de Apolo.

MI PUEBLO DESDE OTRO PUEBLO.

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