Al final del viaje, las

Al final del viaje, las arrugas talan la audacia por la aventura y la sabiduría comienza a mostrarse poco cicatera en el cuerpo cansado. Cruel conocimiento tardío de asomarse al pasado y ver, en un espejo que te impide regresar, las tumultuosas aguas en las que te bañastes. Atrás quedó el desprecio al cruce indicador del desvío, aquél que señalaba el lugar a los lagos sosegados de cristales azules, donde el alma no cruje por la pelea y donde las espinas vigilantes de los rosales bajan la guardia, dejandote alcanzar, sin heridas, el petalo de seda y terciopelo, refrescándote con un perfume hermoso que rompe el atado de la vida de los sentidos. Gime el sentimiento por la pérdida del tiempo y la vista, detenida, gira hacia lo que se hizo, entristeciendose por el corto sendero que resta. La vida se empieza a ver cercada por la muerte y la pena hace gloria por el vacio de una interpretación que debió ser cesto donde reposara el amor y multiplicara la riqueza del bien nacido. Sentado, en una segura piedra, la meditación recela de la eternidad y de su celestial y sacro destino. La huida ha dejado de tener sentido, el gozo se mezcla con la amargura y la lástima es una colina de embudo estrecho que oscurece el dia y hace la noche tenebrosa. Convertido en infame, el que trajo para repartir, y en cobarde, por no haberlo hecho, acordó con el diablo ser su vasallo y acabó siendo su amo. Lejos de mi memoria, cuando preñaban las yemas de los arboles, la vanidad era proceso que bebía en la misma fuente que la fuerza del musculo. La vanalidad, alojada en el desarrollo, mataba la razón del rostro desconocido de otra vida, de las plantas, el suelo, las aguas..., creyendose dueño de las especies y su destino. Cerca y presente, el que empieza a ser viejo piensa, con lagrimas, en un pasado con alforjas vacias y un futuro corto para llenarlas. La piel, que empieza a arrugarse, acaricia el árbol y sana su tronco de la impiedad de sus maltratadores. Cuando está cansado, se apoya sobre el amigo y se cobija en su sombra tratandolo de vida igual, ahora sabe que los dos viven y que , los dos, padecen, ahora sabe que, el árbol, alcanzará la mejestuosidad de la belleza por su generosidad no agresiva , y es , ahora, cuando el hombre, que asoma al ocaso, se habla con su conciencia y abre las puertas a sus puntos oscuros, ahora que bendice el retiro porque empieza a abandonarle sus fuerzas. La vida es un minuto de sesenta años, la consecuencia la mueve el comportamiento, la adversidad puede convertirse en fortuna o la virtud en un camino oscuro. La aflicción por los males de una sociedad enferma es la leña que calienta al corazón, el regocijo , por su existencia, la pasión por los vicios que lo enfrian, convirtiendolo en cobarde y temerario, cobarde para amar y temerario para matar. MI PUEBLO DESDE OTRO PUEBLO.( A tus pié Belladur )

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