Buscando en el Soberao

La mayoría de la gente no suele darse cuenta del profundo sentido que tienen algunos objetos de uso cotidiano. Muchos valoran a una carpeta, por ejemplo, como un par de tapas de cartón con dos gomas para mantenerla cerrada, a veces con dibujos interesantes o más o menos acertados, otras monocromas, lisas, mates, brillantes...
No, la mayoría de la gente no ve más que eso. Alguien debería darles un toquecito por detrás del hombro y decirles: "Oiga, ¿sabe usted hasta qué punto puede ser interesante una carpeta? Una carpeta es un lugar donde solemos dejar cosas; a veces esas cosas son banalidades, pero otras contienen tesoros que creíamos perdidos, olvidados en el espacio y el tiempo, con papeles que podrían cambiar el curso de nuestras vidas".
Yo misma se lo podría decir, pues es mi caso. Me aficioné a la escritura desde muy pequeña, en muchas de sus variantes: poesía, narrativa corta, relatos hiperbreves, teatro... Para no perder esas obras acostumbraba a guardarlas en carpetas. Con el tiempo esas carpetas se amontonaron en oscuros rincones de la casa, lugares que mi madre consideraba "trasteros", rebajando mis creaciones a la categoría de "trastos inútiles que sólo sirven para ocupar espacio".
Frustrante, desde luego. Siempre eché de menos un empujoncito emocional por su parte, un "Ánimo, lo haces muy bien", o al menos un "no está del todo mal". Pero ella ni siquiera leyó ninguna de mis historias.
Fueron pasando los años, crecí y me olvidé de mi faceta como escritora. Comencé a trabajar, me independice y, como en todo momento de la vida sucede, me a vivir a una casa propia. Con la excusa de la mudanza, entré en el soberao para buscar... pues eso, algún trasto que yo considerara que podría serme útil en mi nuevo hogar, aunque fuera para rellenar mi propio cuarto de los trastos.
Cómo no, allí estuvieron esperándome pacientemente durante las décadas de olvido que se acumulaban sobre ellas en forma de polvo, y allí seguían: mis carpetas. Cuatro carpetas de distintos tamaños, con motivos variados pero volúmenes parecidos, a punto de reventar de llenas.
Algunas de las gomas crujieron al moverlas, viniéndome a la cabeza el chirrido de los sarcófagos que las momias faraónicas abrían en las películas, después de que algún incauto explorador osase interrumpir su reposo eterno.
Subconscientemente aún conservaba el gusto por escribir, por darle vidilla a esos personajes que sólo existen entre la primera y la enésima página del volumen que tienes entre las manos, por inventarles un pasado; inventarles una historia triste o alegre, divertida o trágica, emocionante o repulsiva, o las que más me gustaban a mí: todas esas cosas a la vez.
Era una lectora insaciable y leía desde relatos que los principiantes enviaban a concurso público, hasta los grandes clásicos de Dumas, Verne, Christie, pasando por todos los temas, desde Asimov hasta Allende, King o cómics de Mortadelo y Filemón...qué grandes eran y lo siguen siendo-.
Bueno, quizás fuera demasiado exigente o demasiado tiquismiquis, porque siempre les sacaba cosillas que no me gustaban de los relatos que leía; por ejemplo la cochina costumbre que tienen algunos de incluir en sus relatos la palabra "masturbación" cuando es del todo innecesaria. Parece que algunos piensan que si su relato no lleva esa palabra, o algún que otro taco, no es un buen relato. Personalmente estaba harta de frases como "me sacaron de mi estado masturbatorio mientras me anonadaba con las migas de pan que comían las putas palomas", por ejemplo.
Aunque para bajarme los humos sólo tenía que hojear el contenido de la carpeta que tenía entre las manos, y que había dejado aparcada de momento para adentrarme en mis divagaciones. Me di cuenta de que estaba a punto de volver veinte años atrás, que iba a regresar a las preocupaciones y alegrías del pasado desde una madurez que no impedía que mis ojos tomaran otra vez el brillo tembloroso y juvenil del reencuentro con los viejos amigos.
Entonces separé cuidadosamente la goma que sellaba las tapas con el mismo miedo que tiene un guitarrista cuando afina una guitarra vieja. A cada movimiento, los crujidos me hacían pensar que la goma iba a romperse y salir disparada directamente hacia mi ojo.
Siempre había tenido la virtud de imaginar cosas tan agradables como ésa. Pero la goma no se rompió, ni mi ojo perdió ninguno de los fluidos que contenía tras ser atravesado por la punta metálica de esa goma.
Abrí la tapa, y una pequeña araña vino a darme la bienvenida tal y como un invitado recibe cordialmente la anfitrióna que le ha procurado un buen alimento durante su ausencia.
Cerré la tapa y la aplasté contra la primera hoja, dejando en ella un rastro de polvo grisáceo. Me supo mal acabar con la vida del pequeño insecto pero siempre les tuve fobia
"Algún día escribiré un relato sobre ellas" me dije como tratando de excusar la pequeña pérdida -para mí- del escurridizo comensal. Después soplé el polvo del cadáver y leí el título al que decoraba. Era mi primer microrrelato:
"¡Sorpresa!
Todos rechazaron su invitación a la fiesta para darle después una sorpresa. Decepcionada, se tiró por el balcón."
Ni siquiera lo recordaba y noté un estremecimiento. En la fiesta en la que me inspiré todo salió como esperaban, nuestra amiga casi llora con la mezcla del susto y el asombro, la tarta estaba riquísima y fue una tarde casi perfecta.
En mis primeros relatos solía inspirarme en cosas que me pasaban, cambiando algunas cosillas aquí y allá para alterar la vida de los personajes a mi antojo. A veces me vengaba de personas reales haciéndoles relatos en los que salían mal parados. Lógicamente ellos nunca leyeron esos relatos y yo no llegué a enfrentarme cara a cara con ellos. La violencia no era mi estilo, aunque me pasara las horas muertas imaginando respuestas alternativas a sus afrentas, suplicios a los que podría someterlos.
Algunos relatos estaban emulsionados con esos fracasos, como la luz de las escenas se marca en los negativos. Releyendo algunos, veía aquí y allá pasajes sacados de mis pensamientos sombríos e incluso uno de ellos, que recuerdo haber escrito entre lágrimas, era casi un manual que podría haberse titulado "Mil y una formas de suicidarse sin que te duela".
Esa carpeta contenía todos los relatos de mi peor época. Sus tapas, completamente negras y de plástico duro mate, hacían la función de tumba silenciosa para esos relatos y por extensión esos meses penosos. Después conocí al hombre de mi vida.
O mejor dicho, el primero de ellos. Con el descubrí lo que los jóvenes entienden por amor y lo que el corazón entiende por poesía. Una mezcla del estilo erótico-festivo de Neruda y el romanticismo de Bécquer se juntaba para crear las mayores ñoñerías que puedan haber salido alguna vez de un bolígrafo. Y sin embargo, algunas de ellas eran divertidas,
Sonreí al pensar sobriamente lo infeliz que habría sido con ese chico al que tanto daba y del que nada recibía. Ese chico, y el siguiente, etc...
Mi adolescencia podía definirse como un campo de calabazas, que me propusieron muchos y muy variados temas sobre la vida. La pubertad es la mejor época para quejarse de todo y pasar desapercibida, y todos esos temas estaban recogidos en otra carpeta: La azul con la foto de "David Cassidi" pegada en la tapa.
Así que mi primer relato de esa carpeta se tituló también "Campo de calabazas", y trataba de una adolescente que se pasaba la vida tirada en un sofá y blandiendo con una mano el imponente mando a distancia del tamaño de un ladrillo y con la otra el refresco de naranja, quien en sus ratos libres se dedicaba a escribir historias sobre su pésima vida sentimental.
Qué le vamos a hacer, en esa época yo era muy recursiva.
Al salir de la edad del pavo -o para ser más exacta, al ser expulsada de ella con una patada en el culo- comencé a afianzar mi forma de ser, a definir prioridades y aclarar mi filosofía de vida, que más o menos era el lema "Buen rollo ante todo". Ahí comencé a escribir algunos relatos en tono de humor, con finales insospechados que rayaban el absurdo, o sobre los sucesos más inusitados: "Cuatro muertes y un nacimiento", extraña parodia de la película "Cuatro bodas y un funeral" y que básicamente contaba la historia de cuatro muertes y de un nacimiento. En el campo del humor se corre el riesgo de ser poco original. También tenía algunos cuentos infantiles sobre una perra obesa, una pinza con forma de mono y una máquina de hacer agujeros en los folios y sus curiosas aventuras. Allí estaba, al fondo de todos los relatos, la trilogía "Godzilla, Macarrona y la mariquilla del brene " que ruborizó mis mejillas con las peculiares hazañas de esos tres héroes. Es más, me parecieron buenos relatos y todo, sólo que no precisamente aptos para menores.
Un personaje cómico enseñando impertinentemente el culo llenaba la tapa con fondo verde y unas letras rojas en las que se podía leer "Belleza Inferior". Me detuve unos momentos para recordar... ¿había elegido esas carpetas a propósito, era simple casualidad que estuvieran relacionadas con mi estado de ánimo en aquellas épocas, o lo hacía subconscientemente? Ese pensamiento me llevó a la cuarta carpeta del montón. Los ribetes blancos y azules, al estilo marinero, trajeron a mi memoria mi mejor época: mis primeros viajes, las pequeñas y grandes escapadas del nido familiar; mi inolvidable semana en Granada y las salidas por Sanlucar; los paseos nocturnos en la barquichuela de un amigo, el retorno del romanticismo a mi vida y con él mis relatos más maduros y mejor trabajados.
Las narraciones sobre esquizofrénicos y seres nocturnos ocupaban las primeras páginas de la carpeta. Después de una triste historia de amor con tintes de tragedia griega y media docena de relatos en los que el protagonista se suicidaba de media docena de formas, aborrecí los finales de "suicidio fácil" y de muertes por doquier. Demasiado vistos... y además ahora tenía la inyección de la vida que mi primer amor de verdad me otorgó.
El último relato de esa carpeta estaba dedicado para el. También era el último de los relatos que escribí antes de dejarlo. Sin duda, mi mejor trabajo y el que serviría como colofón final a mi -breve pero intensa- carrera de escritora. Lo releí con los ojos humedecidos y en algún rincón de mi espíritu una lucecita se encendió: quería volver a escribir, debía volver a escribir, a proporcionarles vidas efímeras a los protagonistas de mis ideas.

Acaba de entrar en el foro

Acaba de entrar en el foro un soplo de aire fresco.

Por favor, sigue escribiendo.

sigue escribiendo,sigue

sigue escribiendo,sigue sigue; no pares

Interesante. MI PUEBLO DESDE

Interesante.
MI PUEBLO DESDE OTRO PUEBLO

¿QUIEN ERES????????

¿QUIEN ERES????????

YO QUIERO SABER QUIEN HA

YO QUIERO SABER QUIEN HA ESCRITO ESTO PORFA.

Entre palurdadas varias,

Entre palurdadas varias, aparece de pronto una cosa verdaderamente deliosa. Me descubro ante ti, quien quiera que seas, y te animo a que sigas participando y deleitándonos con tu prosa. Felicidades.

Poner de palurdo a alguien

Poner de palurdo a alguien es insultarle. No pensé yo jamás que tú, trebujenero ausente te expresaras de esa manera.

Me ha encantado tu

Me ha encantado tu exposición y te animo a que sigas participando. Suerte lapazos y espero que consigas volver a escribir tan bien como lo haces y que nunca acaben con tus ilusiones ni tus ansias perdidas en el tiempo.

Y palurdadas hay muchas escritas en el foro, claro que sí, algunas veces por nosotros mismos que nos hemos enzarzado alguna que otra vez en discusiones absurdas, por eso es bueno ver intervenciones tan buenas como esta última de lapazos.

Saludos foreros.

ER MEJON?, PO ZÍ

Pido perdón a quien se

Pido perdón a quien se sienta ofendido y retiro lo de "palurdos". El calificativo, que no quiere ser ofensivo, me alcanzaría a mí mismo porque intervengo con cierta frecuencia en el foro. Me reitero: mil perdones.

Cuando un artista expone o

Cuando un artista expone o da a conocer su obra, está haciendo un “striptease” de su alma. Por eso, nunca trato de forzar a un artista a que me la muestre.

Yo valoro mucho el arte porque todo el mundo disfruta con aquello de lo que carece. Por eso fue para mí una gozada leer la aportación de LaPazos; aunque, desde luego, me quedé con las ganas de leer el contenido de sus carpetas.

Volviendo a lo dicho anteriormente y parodiando aquello de “lo que se van a comer los gusanos que lo vean los cristianos”, yo le digo que “lo que se van a comer el fuego, el comeje o el olvido, que lo lean tus paisanos”. Creo que fueron Jacinto y Pinto los que abrieron el camino, sigamos sus huellas.

Con e arte disfrutos todos

Con e arte disfrutos todos aquellos que carecen de él y los que tienen la fortuna de llevarlo en sus adentros.

Gracias a todos por vuestras

Gracias a todos por vuestras criticas tan agradables.
Os prometo seguir participando siempre que mí tiempo y mi trabajo me lo permita. Con lectores como vosotros da gusto seguir escribiendo.
Alguien pregunta quien soy…
Pues una trebujenera que hace años marcho del pueblo y que lleva con orgullo el
apellido Pazos de ahí LaPazos.

UNA REFLEXION SOBRE EL AMOR

Alguna vez en reuniones nos hacemos esta pregunta.
Las respuestas son diversas.
Enamorado, enamorado? amor de verdad, verdad?. De verdad, verdad, dos.
De vez en cuando alguien contesta que tres.
Y hay quien, con gesto muy serio responde que una. Una sola vez, solo una.

Nadie responde "ninguna" algunos admiten que si así fuera problamente no lo confesarían. Ellos lo convertirían en una rara excepción. "quienes no aman y desean son unos indeseables", aseguraba uno de los participantes en esta reunión de amigos.

Y es que, para muchos, el amor es la única experiencia placentera que esta al alcance de todo el mundo, y perdérsela seria imperdonable. Después cada cual la vive a su manera.

Que entiendes por enamorarte?. Si te refieres a las veces que he perdido el sueño durante una semana, entonces son tres.

Que haya llegado incluso a llorar por esa persona..? Dos, bueno tres.

Si hablamos de darle besos a la almohada, peinarme treinta veces al día y enviar SMS cada dos minutos con diminutivos vomitivos, apúntame dos.

El amor es un proceso químico que puede convertir la mente más razonable en la caldera de un psicotico obsesivo y compulsivo.

Normalmente no se alcanzan tales extremos, pero lo cierto es que no hay enamorado que se libre de los estragos del hipotálamo. Esa parte del cerebro produce feniletilamina, una sustancia que segrega estimulantes con efectos similares al opio y la morfina ( toma ya que técnica me he puesto aquí).

Cuando me enamoro me siento drogada, me pongo patética, pero la verdad es que no se como vivir el resto del tiempo.

Mi amiga (X ) piensa que el amor dura tres años, la pasión inicial apenas seis meses. Exactamente lo mismo que una película que pasa del estreno en el cine al dvd y el video domestico y finalmente llega a la televisión troceada por anuncios de coches y detergentes.

Tenemos a los poetas enfadados, por haber convertido el amor en un negocio lucrativo para los grandes almacenes, al igual que la muerte no se entiende sin funerarias. Cuando uno escucha esos cantantes melódicos, de lo primero que te entran ganas es de desenamórate ipso facto. Es imposible que los autores de esas canciones se hayan enamorado alguna vez de verdad. Cualquier niño sabe comunicar mejor y con más dignidad esos latidos maravillosamente acelerados. El amor del siglo XXI sigue manifestándose con metáforas crueles, como aquel " Me voy hacer un rosario con tus dientes de marfil", o cursilerías como dientes como perlas, labios de fresa. Cuando cada amor es único e intransferible como el código genético.

Y con vivirlo de ese modo sueñan casi todos los seres de este planeta. Cosa difícil en los tiempos que corren. Una sesión amorosa necesita entre cuatro y cinco horas, algo que resulta imposible si al día siguiente hay que trabajar. Problamente Sting estaba borracho cuando dijo que pasaba las noches haciendo el amor, pero al menos daba a entender que a el no le bastaba con los 12 minutos de la media europea, con ese tiempo no hay ni para la primera mirada.
Tal vez por eso muchos encontraron en la escena final de "Mejor Imposible" una buena guía para declararse. "Tu haces que quiera ser mejor persona", le decía Nicholson a Helen Hunt. Los dos se llevaron el oscar.

Y Luís empezó a salir con Ana. Ella hubiera preferido que se le ocurriera a el mismo, pero, como cantaba hace unos años El ultimo de la fila: " El nuestro no es un amor perfecto, pero tampoco los Ángeles tienen hélices"
LA PAZOS

te espero haces tiempo q no

te espero haces tiempo q no te veo,

La Pazos Dicen que la vida

La Pazos
Dicen que la vida es algo que ocurre mientras tú te ocupas de otros asuntos. Esa tenía que ser la explicación, porque la vida había pasado y ella no se había enterado. Ahora, mientras se contemplaba en el espejo, sentía una vaga extrañeza. Reconocía en aquella figura desmayada a su madre, a su tía quizá, pero detrás de la pantalla de ropa y de carne veía a la niña que siempre había sido y que seguía ahí, anhelante.
¡Dios, cómo pasaba el tiempo! y ella entretenida con sus cosas. Siempre había sido una niña rara, encaramada a sus sueños inconcretos y mientras tanto el tiempo, la edad… una cifra en el carnét de identidad, una fecha en el calendario para que la gente te recordara que cumplías un año más, ¿cuántos? prefería olvidar. Pero el momento había llegado, siempre llega al final. Dicen que nunca es el final, que la vida sigue, pero ¿qué vida?, dicen que siempre queda tiempo, esperanza, ¡palabras para el triste consuelo!
Una niña rara, siempre sola a pesar de las personas que había conocido. Luís fue el primero, pero no el último, Luís el del pupitre de al lado, tenía una caja de rotuladores con todos los colores del mundo, pero ella buscaba un color que Luís no tenía. Después fue Carlos, en el instituto. Carlos un morenazo atlético impertinente y creído, ella lo adoraba, embelesada oía todo lo que el hablaba hasta que las palabras se gastaron, ella quería más y Carlos quedó mudo. Luego fue Víctor y Pedro amores platónicos chicos a los que amó y que nunca supieron que fueron amados por aquella niña extraña
Había perdido la cuenta, sus rostros se disolvían en la distancia, como en el azogue gastado de un espejo.
Se miró de nuevo, esas manos esquivas, ese flequillo aún rebelde, pero ¿quién la miraba? Ya no quedaba tiempo, inútil preguntarse, arrepentirse. Se arregló la ropa, un gesto de coquetería tan inútil como complaciente. Salió de su habitación y a punto estaba de ganar la calle, cuando…

- ¡Sorpresa! -primero oyó un grito. Allí estaban todos, su familia, sus amigos, todos confabulados. Amalia la atrapó por un brazo y con la ayuda de Paco la empujaron hasta la mesa del comedor.
- ¡Sorpresa, sorpresa! -repetía un impertinente coro.
Inútil resistirse, se abandonó en la silla. Aún pudo contemplar la imagen en el espejo. Una niña todo ojos, que miraba, miraba. Sintió un vago alivio al pensar que aquello no le estaba pasando a ella. Se inclinó sobre el dulce presente, letras de chocolate, números de crema, cifras, palabras, daba igual concluyó, la edad era del espejo, entonces dio uno, dos, tres soplidos sobre su tarta de cumpleaños y apagó las 40 velitas.
La Pazos

Te llevo desde que naci

Te llevo desde que naci tatuada en mi carnet de identidad. He gastado parte de mi vida en olvidarte, porque el olvido es un sanalotodo. En recordarte, en huirte y perseguirte han pasado mis años lejos de ti.

Siempre que iba a verte iba con temblor. No de miedo, sino de expectativa. Porque estaba segura de que incurría en un riesgo: el de darme de bruces con quien fui. Y en ningún lugar he sido tantas veces feliz o desdichada.

He sido desarraigada por la fuerza, pero mis raíces han cruzado en sueños el fondo del mar hacia ti, para encarnarse en tu tierra, en mis semillas.

Había olvidado que seguías ahí, pueblo mío, sin el calor de mi risa, sin que mis ojos contemplaran los alberos y blancos de tu plaza y mis oídos se recrearan con tu arrullo de madre, con el sonido de tus adoquines de platino. Te echo de menos, aunque echar de menos siempre, no es sensato. Es una tentación muy grande de volver la cara, el corazón, aún sin querer, aunque me haya prohibido mirar atrás para no convertirme en estatua de sal.

El presente tiñe con su dicha el pasado. Porque, en el fondo, no existe el tiempo. Sólo lo mide el latido del corazón. Ese instante lo es todo.

¡Cómo revives en mi memoria! Te desperté en mi ensueño, despertamos juntos al placer de recordarnos.

Te comunicaste conmigo para contarme cuánto me extrañabas. Me recordaste que fue el lugar donde escribí mi primer cuento, donde leí con adoración mis primeros relatos, y donde admiré mi primer libro de Neruda que compré por trescientas pesetas en Cadiz con una emoción que recuerdo aún; donde oía por las noches a “El loco de la colina” y soñaba;

Ahora recuerdo mis amores, mis risas, mis amistades. Lo recuerdo todo, lo veo todo, veo a todos. Con melancolía, pero sin nostalgia.

¿Recuerdas cuándo hacía equilibrios por tus canales de agua? ¿Y cuando hurtaba las uvas en septiembre o los alcauciles y los alcaparrones del panseco? ¡Cómo me divertía jugando al elastico o la comba! Jugueteando con las amapolas o saboreando los pestiños de mi tia, como el cariño que te tengo y los recuerdos que me provocas.

Hoy vuelvo a ti, pueblo mío, para atraparte definitivamente, para sentir eternamente tu olor, tu palpitar, tu amor, e instalarte definitivamente en mi pecho. Sabes que soy tuya, aunque sea el testimonio más desgarrador que conoces.

Con el agua bienhechora que surge de tus manantiales nacidos del Guadalquivir, saludas a los que en invierno te visitan con espléndido, incomparable escenario. Tus calles se entrecruzan con callejones que nos recuerdan a Casanova buscando entre la noche su próxima conquista..., tus caminos, tus veredas, tus senderos llenos de chumberas. Pueblo con sol y sin humos, con olor a mosto, a juncos, a infancia y a rosquetes recién hechos. Pueblo de riacheros, bordadoras, jornaleros, marinos,costureras, soñadores y enamorados legendarios.

Quiero recordar, con el peso de todo el tiempo ido, tu nombre Trebujena, tu rio, tus fértiles campos.

Encierras en tu nombre al trigo, la uva y a los viejos trebujeneros, pero también encierras mi corazón, mi infancia, mi primer amor, mis primeros tanteos de escritora...

Ya sé, también te duele mi ida, pero conoces que emigré, como siempre lo han hecho tus hijos, para hacer realidad mis sueños, sueños de vida y de libros, de viajes, de la bondad y la crueldad, de la amistad y la amenaza, de padecer y amar... que han hecho cambiar infinitas veces mi rostro, mi alma.

Ahora tengo nuevos códigos en mi alma.

Y hoy también regreso a ti como a la madre que eres para chupar tu savia, tu olor, tu paz. Siempre supe que tenía dos obligaciones sagradas, como los poetas: partir y regresar.
La Pazos

Siempre te leo con gusto.

Siempre te leo con gusto. Ahora, que dices que regresas, mucho más. Como solemos decir: "a tu tierra grulla, aunque sea con una pata".

Me emocionas, LaPazos, y

Me emocionas, LaPazos, y quien como yo vive a la vez cercano y lejano te comprende quizás mejor que otros, porque dices lo mismo que quiero expresar y expreso a veces. Ojalá nunca se pierda este hilo y de vez en cuando, más en cuando que vez, te prodigues escribiendo tantas cosas bellas y tantas emociones y ensueños. Tu ferviente amigo y admirador, que te ofrece un poema suyo

Cabe el tañer melancólico de la campana
vagan las sombras de mis muertos.
Es la tarde.
La saeta de una primilla
en quedo vuelo
rompe el azul intenso y cristal
mientras en la bonanza se desgrana el ángelus.
Un aire con sabor a trigo ahechado
impregna el ambiente.
Juego en la plaza,
niño irredento,
de pobres sandalias.
Luz y alegría
de placer entrañablemente inocente
me ganan.
Tarde, ángelus, azul, aroma y campana
Trebujena, mi Trebujena:
mi eterna soñada.

Vente pa ca pazo y

Vente pa ca pazo y presentate pa la alcaldia habe si cambia si cambia un poquito este pueblo.

Si me gusta lo que escribe

Si me gusta lo que escribe La Pazos, no se queda detrás lo que me gustan las intervenciones de Trebujenero Ausente.

Como dice un buen amigo mío, en Trebujena se levanta un terrón y sale media docena de artistas.

Propuesta de creación de un

Propuesta de creación de un club.
Me parece que hay tanto talento, arte y energías positivas, referidas a y sobre Trebujena, que pienso si no ha llegado la hora de que aglutinemos o reunamos tantos deseos y veleidades.
Por eso, y dado que la mayoría estamos, si no jubilados próximos a ella, por una parte, y por otra hablamos y sentimos a Trebujena con júbilo, aunque no lo estemos(ni jubilados ni en Trebujena), es por lo que propongo la constitución de este club "Jubilosos por Trebujena", que acogerá a todos aquellos que quieran y aspiren a ser fabulosos .
Un club sin reglas y sin cuotas, sin disciplina alguna, solo una condición, querer a Trebujena y querer decir o hacer algo para que trascienda y vaya en beneficio de ella y sus gentes, avecindados o ausentes.
Para concretar y reafirmar la propuesta propongo la tácita aceptación a su pertenencia con el envío de un e-mail al mío:Josecabral@telefonica.net .Y, aunque siga con el anonimato, en cualquier caso, ponga la referencia"Jubilosos por Trebujena", que será nuestro Ateneo on line y nuestra marca de calidad.
Gracias. José Cabral

Sigue ecribiendo chiquila,

Sigue ecribiendo chiquila, que yo, sin amarte, y por leerte, nunca te haré infelz.

Concretamente a mí me

Concretamente a mí me parece una idea magnífica y la acepto sin condiciones, como bien dices, aunque no "aspire a ser fabuloso" (¿lapsus? ¿mala pasada del jodido teclado? ¿o puesto adrede en el sentido de fábula, como utópico?). De cualquier forma, cuenta con mis humildes aportaciones. Ya te remití mi e'mail.
Un abrazo.

Fabuloso viene de Fábula.

Fabuloso viene de Fábula. De todas formas, es a la agradable sensación recibida al descargarse emocionalmente a través de nuestras comunicaciones a lo que me refiero.
Ahora está muy de moda la búsqueda de lo que llaman Excelencia, ya sea a nivel personal o/ y grupal, pues bien, a esa clase de búsqueda para el grupo y para cada uno de nosotros me referí.
Ya somos tres foreros los del Ágora Virtual. Gracias. José Cabral.

Pazo por favo vente paca,

Pazo por favo vente paca, vente pa tu pueblo y presentate pa la alcaldia porque sino me da que la vamo a pasa canuta, ar favo por tu mare.

Cuando estaba diciendo que

Cuando estaba diciendo que había enviado el e-mail a José Cabral, tuve dificultades con internet y no pude darlo a conocer al foro.

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